
Ya le he dicho yo, que no tengo ganas. Que soy su amiga. Que la quiero mucho. Que a nadie le he dejado yo mi epylady nada más que a ella, pero que me acabo de hacer las uñas. Que
Julián me la pela y que como me venga a dar otra vez la coña con que hay que hacer limpieza para cuando salga de la cárcel, que si hay que blanquear y con el Scoth Brite pa’rriba y el tenn con bialcohol pa’bajo, te digo yo que cojo a
La Panto de una patilla y le monto el mismo pollo que
Anne Igartiburu en cuanto le mencionan lo del torero. Que eso le pasa a la presentadora por pelar la pava de plaza de toros en plaza de toros. Que no se morree. Así, se acabarían las especulaciones. Ya se lo digo yo a mummy: si fueran amigos y residentes en Madrid, segurito que iba a aguantar a las 5 de la tarde seis toros un día sí y otro también , viendo cómo la amarillea la mecha con este sol de justicia. Por un amigo, una se toma una coca –que luego hablamos de este tema y Jaime Martínez Bordiú- o se pinta el ojo com Yasmina Kahn, por dentro, todo un riesgo con esta calorina y con ese estiramiento facial, pero jamás, jamás, pondría mi cabello en peligro. Yo, antes, muerta. Pues, menudo genio tiene la vasca. Tanto rollo rosa bebé y “Hasta luego, corazones” y le hacen dos preguntitas íntimas de nada, y se pone del hígado... Y hablando de pollos y pavos, que me encanta el anuncio de Fiat 1.) y 2.) que
Pamela Anderson se haya hecho pollera. Pollera y asadora. Ha puesto una granja para la cría avícola y una red de hornos para su cremación y venta subsiguiente. Ella se planta un mandil y una cofia y ofrece muslo o pechuga. Lo que sabe la tía de marketing y publicidad subliminal... Y, además, no engaña. Es evidente que comparte sus hormonas con sus aves para la explotación. Esos labios perfilados responden a una hormonación severa. Yo, todo lo que sea una buena pastillaza y una buena inyección, lo veo muy bien. Y como os comentaba anteriormente,
Jaime Martínez Bordiú, también. Confiesa que fue adicto y que lo ha pasado muy mal ocultándolo. Rey, mal, lo que se dice mal, no sé yo qué decirte porque jamás te he visto yo un pelo sin gomina. Servidora, en cuanto le duele un padrastro, se abandona física y estéticamente. Eso es un signo bastante notorio de pasarlo mal.
Belenchy Esteban también se ha abandonado. Y bien. A los vicios de la carne durante su luna de miel. Vamos, que ha tenido tiempo, no sólo para montar sus buenos pifostios, si no que, con la vena del ojo tililando, de lo uno vino se fue a lo otro y está, supuestamente, en estado de buena esperanza. ¿Qué esperará? Ella, no sé; yo, un disgusto como
Virginia OT gane el susodicho concurso. Es igualita igualita que las gemelas de
Tita Cervera. Como mala. Como con el moño tieso y ojos de loca. Con lo que me gustaba a mí
Esther. O
Sandra. O
Iván. O
Reke. Estuve en su concierto madrileño y flipé. Qué vozarrones y qué tamaño. Son pequeños, chiquitos... Cuando digo este palabro sueno a culebrón, como
Ingrid Betancourt de la que, por cierto, debo comentaros algo. Sonaré perversa, incorrecta, de mal gusto, pero, esta mujer, después de tanto tiempo secuestrada, ¿no tiene gana de quedarse en casa un ratito? Todo el santo día por ahí con su trenza, qué se va a poner mala con tanto trajín... Pues ella, no. Ella, hasta que se canse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario