martes, 3 de febrero de 2009

Penélope bien vale una misa.


Porque es suma sacerdotisa del cine.Del universal, en genérico y del español, en relativo. Y no es que lo diga yo. Es que hasta Benicio del Toro lo proclamaba a los cuatro vientos. «Que ¿qué me parece España? ¡Un fiestón! Pero si tenéis a Penélope». No sé si con esta frase queda claro el concepto suma sacerdotisa, pero yo me entiendo. Además, cuando una estrella de Hollywood, teñida, vale, pero estrella de Hollywood, afirma que lo mejor que hay en este país, más allá de las Cuevas de Altamira, del Escorial, del jamón o de las tortillas de patatas con cebolla, es Pe, va a ser, nenas, que va a tener razón.
Cómo será la cosa que la Cruz ya no opta por lo fácil. Qué va.Qué sencillo habría sido llegar como un pollo en rifa o sea, con un megacancán rosa palo en plumas de tul de Versace o con un palabra de honor de Ralph Lauren en azul eléctrico gritando «Pedrooo» como una enajenada. Ya, no. Ella, ahora, actriz de método, con dos candidaturas al Oscar, prefiere lo sutil: un Chanel de chantilly, sin vuelo, sin empaque, sin cola... Lástima que servidora no entienda de metáforas y lo de leer entre líneas no lo tenga muy trabajado porque, a primera vista, era un visillo...Pero es lo que tiene no entender. Goya Toledo, como es amiga y está también creciendo como artista, utilizó un Dior dorado que, bueno, Dior también tiene sección de oportunidades. Paz Vega, en cambio, que también va alguna vez a Los Angeles a comer Ketucky Fried Chicken y ya se cree que es algo así como la hija de Lee Strasberg, está aún en la fase preoscar, es decir: «Yo la monto parda». Total, que se plantificó un vestido tipo merengue en rosa bebé, con plumas, efecto huevo, pedrería y hasta una pareja de rumanos bailando la balalaica colgando del bracero.
Esto último lo imagino, la verdad, porque la actriz ni se acercó a la prensa. Evidentemente, no tenía nada que contar y si lo tiene es que es superprofundo y yo no estoy para profundidades.Es más, se puso Belén Rueda a echarnos una chapa tremenda sobre lo que significa el cine y la escasa importancia que tienen los premios porque lo importante es el esfuerzo y la constancia y bla bla bla que, hijas, qué sueño que me entró. Con lo mona que iba ella con su Carolina Herrera blanco. Cada vez es más Tippi Hedren. Rubia, gélida y pesadísima. Como Angeles González-Sinde.Cuando la vi, me dije «Ahí va la presidenta del Cine Español».Se quitó el abrigo y mostró su espalda descubierta por Debota & Lomba y dije, «la presidenta ha enloquecido. Viva la presidenta», pero habló y lo de siempre.
Como Mar Saura. Lo de siempre. Con las mismas transparencias mínimas y las mismas turgencias. Qué aburrimiento. Nada que ver con la juerga del traje de picador con el que entró Carmen Machi, firmado por Lorenzo Caprile. Del maquillaje nunca supimos el responsable. Porque hubo enigmas insondables en la alfombra verde como la amistad entre Chesu Puente e Isabel Sartorius, el brussing de Massiel y el vestido de Nerea Camacho. Vaya tela.

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