
Querida, te he sido infiel. No es algo de lo que esté orgullosa pero, siempre he sido débil con las esteticiennes… Sé que no quieres escucharlo, que me castigas con el secador extradry de tu indiferencia, como Techi castiga a Paquirrín harta ya de que Yola Berrocal le peinara el entrecejo y éste se resguardara del frío de estos patios a la sombra de semejantes tetas, pero es que tengo una excusa, una excusa de fuerza mayor. Carla (Bruni), reina de los franceses, requería de mis cuitas. Me envió un burofax porque ella es así oficialista, centralista y regia y cari, no podía negarme. “Annetta STOP Ho bisogno di te STOP Te quiero aquí en el Elyseo a la voz de ya STOP Co-jo-nes”. Expeditiva, sí, pero era una mujer desesperada la que hablaba. Y, cari, no sería yo, mujer de braga y combinación, la que iniciara una nueva revolución como una desarrapada sans culotte. Total que, quedamos en Alexandre Coiffeur, en la rue Vivienne. Esa es mi culpa. Fustígame si quieres, pero debía estar con ella, es mi amiga y necesitaba que le cogiera la mano. Hay momentos en la vida en que una mujer no puede sola: Debía alisarse el flequillo. Y el labio superior. Pero además, estaba nerviosita perdida. Con mirada de hurón, como Mila Ximénez despellejando a Oti, que menudo cuello caido tiene, y hablando de la caries de Manolo Santana. Un rictus entre ‘con tanto botox, no se me mueve ni el cuajo’ y ‘tengo más mala leche que un tártaro’. Me lo confesó todo. Sarko le come fatal. Le come fatal. Ya no le gustan ni sus spaghetti ni su pesto ni las pizzas que elabora en bailarinas acolchadas de Dior y se ha ido a comer corderito kosher a Israel. Con patatitas. La verdad es que no me quedé bien con la copla del motivo de su huida. Me puse en off. Me recordaba a una película de esas, de Tavernier o de Renoir, con conflictos pequeñoburgueses rollo “No siento nada cuando me penetra. Me siento vacía y veo en su mirada insatisfecha cómo muere en silencio nuestra relación. Por cierto, las pechuguitas empanadas se me han quedado secas” cuando una es más de las declaraciones de Nuria Bermúdez: “Me cagüen to, en Turquía y en la madre que parió a Dani Güiza”. Además, todos los conflictos amorosos y/o políticos me resultan iguales ¿o es que la cena de Nochevieja en la casa de los Janeyro no fue un alto el fuego más en el eterno conflicto árabe israelí? Total, que vive en un grito. El pueblo, encima, que siempre es pesadísimo y se echa a la calle por menos de nada porque en sus pisos de 20 metros cuadrados no hay quién pare, se le ha puesto de manillas. Que son propalestinos, dicen. Pero vamos a ver. Que Carla fue precursora de las palestinas. Que posó con una para Balenciaga que costaba un riñón en el mercado negro. Pues la gente no lo entiende porque no lee el Telva. Así de claro te lo digo. Y esa incultura nos afecta a todas. La reinvención del smoking que hizo Carme Chachón en la Pascua Militar es comparable a la de Marlene Dietrich en Morocco. Pues, la gente no lo ve. No lo ve. ¡Pero si hay de alguna que tararea “Quiero ser una emigrante, de tu boca delirante” que cuando Amaya Montero escribió este ripio debía estar tomando Manasul! Evidentemente, la que cante eso jamás será amiga mía. Ni Rachida Dati, tampoco. La ministra de Justicia a la que, Carla et moi, tenemos manía. Ha dado a luz y no ha dicho ni pío. Qué pereza de discreción. Y de trajes color hueso de línea arquitectónica. Y eso, a la gente le parece elegante. Pues es un rollo. ¿También le parecerá de buen gusto entonces que Iberia silencie la huelga de pilotos de Barajas? Menos mal que finalmente se ha aclarado la paternidad de Sacha. Hemos respirado tranquilas. Nunca a pleno pulmón, que se arrugan los belfos.
1 comentario:
Estimada Señorita Conda:
Cuénteme, desde ya mismo, entre sus más acérrimos seguidores.
Enhorabuena por este blog que habla de lo verdaderamente importante: el exterior. Que la vida interior -usted y yo lo sabemos bien- está muy pero que muy sobrevalorada.
Reciba un caluroso besamanos de éste su admirador, su amigo, su esclavo, su siervo...
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