
Sola. Lo que se dice sola de sola. Que tuvieron un pollo, pero pollo gordo. Y es que es lo que tienen las Navidades, que no te ves nunca y en la cena te acuerdas sin esfuerzo alguno de porqué nunca no te ves: ¡porque no te soportas! Mum y servidora mismamente. Estaba yo haciendo unos blinis con salmón ahumado que me sale riquísimo cuando me dice irónica ella: “Tienes las puntas abiertas y el cardado demasiado esponjoso. Ah, y lo estás metiendo en la nata agria. ¿Forma parte del acompañamiento?”. No llegamos a la mesa. Que si la quería matar porque sufre de anisakis. Por mí, como si se le para el corazón. Nos enzarzamos en el pasillo. Calva, la dejé calva. Pues Tita, Tita igual. Me llamó para contármelo. Que ni a casa por Navidad como el del turrón de El Almendró. Que Borjita se ha cogido un globo que no veas porque ya lleva tres sesiones de paternidad y, ella, que es genetista frustrada, como Mendell el de los guisantes, no lo ve claro y no lo ve claro. Total, que el niño está como un monito y el otro niño, o sea, el bebé, según ella, procede de un señor de Murcia. Un no parar. Ya le he dicho: “Tita, cari, que se nos va a quedar ciego el muchacho...” Le dio asco, la verdad, pero sigue en sus 13. Pero, pa’ mala idea y disciplina como un sargento de la Guardia Civil con bigote, porque tiene bigote, espeso y poblado, Blanca. Qué te voy a decir que no te imagines. Se le ha puesto el moño tieso y menudo genio. Más genio que tetas que, ya es decir. Que nadie le pone en entredicho, que ella se pone nippels y tacón cubano pero que es una señora con mechas como Dios manda y el pelo fosco de mujer madura inclusive, y que le pega dos chufas a quién se le ponga por delante y no se le mueve ni un grumo de colágeno. Resumiendo, unas Navidades durísimas ha pasado Tita. Menos mal tiene paga extraordinaria en el Patronato del Museo porque es que yo la veía liada con las compras y el gloss me dije: Ésta es capaz de empeñar el Rapa Nui ése por un suje, de La Perla, pero suje a fin de al cabo. Yo, que lo he sabido, porque las amigas lo sabemos todo y no somos como Isabel Preysler que te abandona por una fiesta de nada con Carlos de Inglaterra, me la quise llevar al estreno de “El lince perdido” donde ella se podría haber entretenido entablando conversación con Elvira Lindo o con Antonio Muñoz Molina que son como intelectuales y llevan zapato plano y combinan tergal con terciopelo haciendo aguas pero, hija, que no hubo manera. Que no y que no y que no. Ella, con la perra de que podría haber mandado un Chrisma royal style con todos sus niños vestiditos de domingo en plan “Soy infanta del Arte”, o sea, con Borjita y con sus niñas nuevas que a mí, personalmente, me dan miedo. Las he visto en foto, la verdad, pero eso de que no pestañeen me genera desconfianza. Muy pesada, así como te lo cuento. Bastante tengo yo con que Paris (Hilton), con eso de que le han robado en su chalete de California, todavía no me haya podido chivar el régimen de adelgazamiento de Britney Spears que de pasar de estar pedo tol’ santo día, con un acné rollo paella que eso pasaba de virulento, y unas extensiones de nylon, ahora está reposada, tiene el cabello espeso y rizado y una tez de porcelana. Como la de Isabel gracias a Porcelanosa. Alicatada en Londres. ¡Viva el fotoshop y esos genes que Tamara y Anita me vuelven loca! Loca. Tamara for president, reina, ministra, lo que sea pero Tamara ya. Punto. Está bonísima. Seguro que el tiempo que estuvo en Francia se hizo el nuevo tratamiento rollo peelling que me contó mi íntima Teresa Zueco que reside en París y que allí hace furor. La semana que viene, te cuento. Es que ésta, se me ha casado y todo gira entorno a ella. La que viene cuando vuelva a girar entorno a mí, te doy detalles.





