
Ay cari tengo una preocupación… Llevo una semanita que parezco Sue Ellen en la puerta del Cortylandia. ¿Mi cabello se verá resentido por el exceso de alcohol etílico? Lo tengo en coma. Lo veo. Lo veo. No me coge la mecha como antes… Es que no hay día que no me beba mi buena botella de Möet Chandon. Mum, que es más rollo Tina de Las Grecas, porque siempre le gustó la lycra más que a Raquel Mosquera un buen bote de 5 litros de Mimosín no te vayas a pensar, dice que nos hacemos enoterapia interna. Rollo irrigaciones. Y al final va a tender razón porque yo me encuentro como en un spa mental, como elástica y transpirada inclusive. Además, en la inauguración en Claudio Coello de Isolé, un tiendón delicatessen donde comprarte un Comme des Garçons como es debido y no un trapo de cocina negro como en H&M mientras tomas un brunch con swedish bread y chutney de mango, conocí al dircom del champagne. Francesito, rubio e ideal y se me subió a la cabeza. La hormona que no las burbujas. Es que estoy efervescente, querida. Y mansa, a un tiempo. Ni ganas tuve de envidiar y vilipendiar a Sylive Van der Vaar, la nueva Mariví Beckham pero, en rubia y en combinación de Svarlowsky. Si parezco una ternerita Kobe, fíjate. Pues, ¿te puedes creer que me comí a una congénere con unas patatitas en estofado? Sí nena, sí. En la Cena de Suárez que es como la Última Cena pero en plan profano. En vez de pan y vino, compartimos rumores y diamantes, que ese es mi cuerpo y mi karma. Antes de la vaca japo, me tomé una merlucita de pincho con unas almejas, como recién pescadas por Emiliano Suárez porque esas manitas deben saber hacer de todo: unos engarces de platino, unos balances económicos, un pil-pil con su perejil y todo y no quiero seguir imaginando esas manitas en mi cuerpo que me pongo loca y él está casado… Si es que, hasta canta el muchacho. Estaba bajando el tiramisú con unos Gin tonics que son como la menta poleo del mundo analcohólico cuando se arrancó con Puccini y fue apoteósico. A me dio una perra con que me susurrara al oído el coro de los esclavos de Aida… Hija, es que mi estilismo era muy Nana Mouskouri y me lo imaginaba cual Lord Byron colonizándome tierras Helenas. Como el chico desconocido de la Infanta pero en trenza. Además, Emiliano iba de total british look. O sea, de Hackett, aunque el jueves dijera en el periódico que iba de David Delfín. Que es que reciclo. Las crónicas. De años pasados. Como el vidrio y el Hola. Así de bien enseñada estoy y Ana Botella está feliz conmigo. Naty Abascal también estaba feliz. Al día siguiente, salía para Nueva York destino Mango. ¿Con aquellos botines de infarto? Usando sus palabras: “Para viajarrr, -dijo-, voy cómoda… Pero no me pongo chándal como Isabel Pantoja” y se partió. Gran verdad. Es que el chándal de felpa no le queda bien a todo el mundo… A I.P, o sea Isabel Preysler, que la otra I.P o sea Isabel Pantoja ya sólo acude a comisarías, la ví intranquila dentro de su belleza serena. ¿Sería porque Adriana Abascal se paseaba como nueva reina por el salón? Herejía, grité! Quise creer que es que no le habían quedado jugosos los sándwiches del cumple de Tamara que está monísima. A ver. Como que me contó Tammy, con Winona Ryder y su bracito gordo delante, que su novio le había regalado un Birkin de Hermés… Y yo que había pensado, rollo ecológica, en un Lauren Bush para regalarle… Si es que soy Kobe y gallineja. Ya no me doy cuenta de que las niñas nos crecen. Y se nos tiñen…



