
Con la disyuntiva que yo tenía... O daba un disgusto que se le caía el cardado a Natalia Figueroa o Belenchy me pegaba un grito que me dejaba la trompa de Eustaquio seca como una castaña seca. Pues ni a la una ni a la otra. Me intoxiqué. Estaba echándome la mascarilla para el cabello, igualita igualita que la hija del Barrio del Pilar en su entrevista en Ana Rosa, que eso es ser una profesional como la copa de un pino porque ¿quién ha trabajado el día de su boda?, cuando, la fragancia a piña colada del mejunje, me obnubiló y, sin darme cuenta, me comí un pegote. Se me quedó el jepetito, en ese instante, como a Isabel Preysler tras pasarle el photoshop en Hola! como vidriado, viselado, luminiscente y con los perfiles difusos. O sea, un cuadro. ¿Pensarán que Isa, por cierto, queda natural de esa guisa? ¿Que no se nota? Pero si ella no necesita de esos trucajes… O ¿estamos hablando de un boicot al mundo asiático? Qué fuerte. El caso es que servidora ya había tomado una decisión nanosegundos antes de la ingesta de los compuestos de hidroxipyleno: Iglesia, con los Bono-Martos y cena, con la Esteban. Las misas con la gente bien son preciosas. La Confirmación de José Fernando Ortega estuvo bonita-bonita, todo lleno de pamelones y venga Cantar de los cantares pa’rriba y pa’bajo que me ponen a mi los pezones duros sólo de pensarlo. Pero, claro, de “langostinos dos salsas” olvídate, con lo que a mí me gusta un langostino gordo, una buena empanadilla y un chuletón. Menú ideal donde los haya cuando gastronómicamente eres de burro grande ande o no ande. Así que, convite con Belén. Vamos por Dios. Pues me puse mala de acostarme. Y se me empezó a hinchar la tripa porque a mí vomitar me da una fatiga horrorosa y, ante esa situación, la única excusa que se me ocurría era decir que estaba en estado como Eva Samnum, que entre desfile y desfile en Lidl ha conocido un muchachito estupendo en los fiordos y van a secar bacalao porque, a ver qué coño haces en un fiordo. Y tenía los dos estilismos pensados. Evidentemente, dos. No se puede ir a la Iglesia igual que a la celebración, que no se puede enseñar escote. Y me dijo Mum “Ponte un chal”. “En el higo me voy a poner yo un chal. Pero, ¿qué es eso de un chal? Odio el chal. Abajo el chal. Guerra al chal”, contesté yo ofuscadísima ante la mera enunciación del nombre de esa prenda absurda. Si tenía yo miles de propuestas entre las que elegir como que la semana pasada fue una locura en cuanto a bodorrios se refiere… ¿Rollo Laura Ponte versión Inés de la Fresange, con blusa blanca con hombreraza, falda de tubo y sombrerito de picador o rollo Naty Abascal en innumerables estampados sin tener que ver unos con los otros pero ideales todos en su conjunto? Vuelven los 80, eso fue lo único que me quedaba claro… Eso y que, por conexiones mentales sucesivos -Inés de la Fresange-Carolina de Mónaco-Pierre/Andrea/Carlota Cassiraghi-, que estos niños tienen pinta de ir siempre sundado, con los pelitos pegados al casco y unas ojeras que ni Amy chutada como está con el Cif y el Cristasol… Si es que al final, todo vuelve. Quién se lo iba a decir, por ejemplo, a Tita con Manolo Segura…







