lunes, 29 de diciembre de 2008

Adiós al Albéniz


Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar». Recordaba resignada servidora las palabras de Jorge Manrique, cejijunta y mirando a lontananza cuando, de repente, otra verdad tan gorda como la mía me sacaba de mi ensoñación. «¿Que cómo estoy? Pues jodida, y con ganas de coger una metralleta». Era la actriz Pilar Valero.
Otra manera de afrontar los desenlaces. Más drástica y violenta si quieres, pero igual de artística si tenemos en cuenta que, con esa melena dorada al viento y su capa roja, parecía Gena Rowlands en una versión gore de Opening Nights. Y es que, cada mujer es un mundo. No nos podemos dividir, aunque moi siempre haya apostado por ello, en mujeres estupendas de rimmel waterproof antracita y las pobres penosas del rimmel transparente. La vida me enseña cada día que las féminas somos como diamantes multifacetas y frente al Teatro Albéniz, que la realidad puede cortarnos con sus aristas.
Corrían las 18.55 horas cuando un grupo de señoras como Dios Manda pero amantes del arte -es decir, con nuestros visones pero aderezados con bufanda multicolor, gorrito de lana y zapato plano- enarbolábamos la bandera de las artes frente al yugo de las inmobiliarias, que no del inmovilismo que, para eso estábamos nosotras, para movilizarnos, con pancartas, zambombas, zampoñas y botellita de anís.
Dos horas, y el coso teatral bajaría el telón, apagaba sus luces y sus paredes guardarían los últimos aplausos. Concluía una era, aquélla en la que bajabas la calle Preciados quemando tarjeta y dando placer al cuerpo y subías la calle de la Paz relajando espíritu y mente en el patio de butacas del teatro.
El contrato de alquiler de la Comunidad se finiquitaba anoche y el centro del Canal ocupará ahora su corazón y sus desvelos dejando esta sala, de titularidad privada, ante un futuro incierto. «La pasionaria. No nos moverán», ésa tendría que ser la obra que tenían que estar poniendo... Por cierto, ¿queréis un chicle, chicas?».
María José Alfonso, que necesitaba sorbitol para sobrellevar el drama, un paraíso artificial como cualquier otro para amortiguar el dolor. Todas lo necesitábamos. La vida es sueño en cartel, con versión de Pedro Manuel Víllora, le debía de parecer un frenesí, una ilusión inclusive cuando los ánimos eran más del tipo: «Hay que joderse con la especulación». Según me comentó Eva Aladro Vico, hija de Teresa (Vico) y una de las líderes de la Plataforma en Defensa del Albéniz, «el espíritu del teatro, de la cultura, está en peligro» sin que las instituciones públicas hayan hecho nada para remediarlo, incluyendo a mi Alberto Ruiz-Gallardón por cuyas venas corre la sangre del insigne músico que da nombre a la sala.
Del cierre del teatro, si el recurso ante el Contencioso Administrativo no prospera y lo impide, pasaríamos a la demolición y a la posterior construcción de un centro comercial y unos pisos de lujo. «Con el siglo XXI comenzó nuestra lucha...», me relataba Eva sin darse cuenta de que acaba de despertar en mi interior otra, una guerra sin cuartel diría yo.
Pancartas
«Centro comercial, lujo, hummm...», retumbaban las Campanillas de la cercana Cortilandia en mi bien cardada cabecita. Pero no. Mi amor al show bussines era ayer todavía -porque nunca podré decir «de este agua no beberé»- mayor que mi adoración por Amancio Ortega, Isidoro Alvarez y los señores Hennez & Mauritz y volví a sujetar la pancarta que decía «Salvemos al Albéniz» y a ajustarme mis chapas en zarcillo de «Nosotros (corazón) el Teatro Albéniz».
Las cámaras no se hicieron esperar y cómo serán las ondas hertzianas que llegaron hasta el Altísimo y nuestras plegarias fueron atendidas. Minutos antes de que dirigiera mis Farrux hacia casa con el fin de escribir una sentida necrológica, recibí la feliz noticia. Que una empresa privada está interesada en hacerse cargo del teatro y, tras una reforma, convertirlo en un teatro para musicales. «Si lo hacen bien, Ana, y son listos para programar, será un éxito y Esperanza (Aguirre) lo va a lamentar», me dijo Aladro Vico... Y yo que pensaba que en la adversidad, la persona se salva por la esperanza...

No hay comentarios: