Pues le he dado tu teléfono. Hija, es que tiene el cutis fatal. ¿Cómo aguantará ese make up tan extraterroso? Evidentemente, su poro no lo aguanta. No lo aguanta. Gemma Ruiz pide a gritos una limpieza con agentes abrasivos inclusive. En Tiffany’s, entre cientos de diamantes multifacetas multiplicadores, claro, el efecto clamaba al cielo. “Oh my God, she needs an esteticienne”, decían sus pliegues y contornos. Y eso que Gemma no es Victoria Abril, que en el estreno de la última de Díaz Yanes, tenía el labio superior, el facial, digo, como una faldita plisada de crep. Y eso que la Abril lucía festiva, que la llegas a pillar en pleno celuloide y, nena, te cagas por las pencas. Te lo digo así que te resume mucho el espíritu del film. Qué diferencia al look college de Retorno a Brideshead aunque, te digo, comparto palabra por palabra, sílaba a sílaba, fonema tras fonema el comentario de mi íntima Grijalba vía Facebook y que ¡Viva el voyeurismo! No te digo más que gracias a la red nos hemos hecho fans de Naty Abascal. “Todo lo que quise ser en la vida es ser como Naty Abascal”, reza la página. Una verdad grande. Aleluya. Pues lo que te decía tras el inciso, que Silvie está indignada. En grado sumo. Me cuenta que la película termina con un beso de los protas masculinos, que ya te he jodido el final pero siete euritos que te ahorras, guapa. Tela. Sobre todo, cuando Evelyn Waught no escribía rollos gays no fuera que la tataratatarabuela de la Reina Sofía, o seasé, Victoria, le montara un pollo. Que de esos polvos, estos lodos y no lo digo yo, lo cuenta Pilar Urbano con un cardado que desmonta la Ley de la Gravedad a golpe de laca. Y es que, además, resulta que con ese ósculo decimonónimo se rompe la tensión sexual no resuelta. Ya sabes, cari, como mujer y como esteticienne que, la tensión sexual no resulta es lo supermás. Yo estoy harta del sexo explicito y consumado. Del sexo y del turismo cultural. Están totalmente sobrevalorados. Te digo mi verdad. El jueves, en el desfile de la nueva colección de Vicktor & Rolf para Samsonite, recordé mi viaje a Viena que ahora te arrojo como ejemplo. Aproveché más mis bocadillos de filetito empanado, llamado allí snitzel, que mi visita al Kunstorisches Museum, con unos suelos hermosísimos, eso sí. Es más, de la ciudad imperial recuerdo con fruición aquel sabor del frito y a Kristin Von Stauffen, a sazón, ex de Andrea Cassiraghi por gentileza de María Jurado, a la que tuve a côte moi en el desfile. La oteé como una ardilla. A ver. Era una oportunidad estupenda, que desde que practicara el francés con Andrea, servidora le había perdido la pista. Pero siguiendo con la tensión sexual no resuelta: esta de moda, qué digo moda, supermoda: Falete e Isaac por ejemplo. Hay tensión en el elástico del panty de Falete y hay rollo sexual porque Isaac dirá lo que quiera pero, ese niño ha visto al tonadillero como su madre lo trajo al mundo y lo ha tenido embadurnadito de crema Ponds como Guy Ritchy a Madonna en su cama de matrimonio y Falete, aclaremos, no es Madonna. ¿Y qué me dices de Ana Botella y Esperanza Aguirre en la inauguración de la heladería de Nieves Álvarez? Eso fue tensión a secas. Bajo Cero. Llegó una y se fue la otra. Seguro que se quieren con locura pero servidora intriga que da gusto. Y es que ya veo tiras y aflojas en todas partes. Y hablando de aflojar, para una vez que Julián Muñoz se puede abrochar el cinturón por debajo de la cadera, se queda sin novia. Qué paradojas la vida...viernes, 31 de octubre de 2008
Tensa y sexual
Pues le he dado tu teléfono. Hija, es que tiene el cutis fatal. ¿Cómo aguantará ese make up tan extraterroso? Evidentemente, su poro no lo aguanta. No lo aguanta. Gemma Ruiz pide a gritos una limpieza con agentes abrasivos inclusive. En Tiffany’s, entre cientos de diamantes multifacetas multiplicadores, claro, el efecto clamaba al cielo. “Oh my God, she needs an esteticienne”, decían sus pliegues y contornos. Y eso que Gemma no es Victoria Abril, que en el estreno de la última de Díaz Yanes, tenía el labio superior, el facial, digo, como una faldita plisada de crep. Y eso que la Abril lucía festiva, que la llegas a pillar en pleno celuloide y, nena, te cagas por las pencas. Te lo digo así que te resume mucho el espíritu del film. Qué diferencia al look college de Retorno a Brideshead aunque, te digo, comparto palabra por palabra, sílaba a sílaba, fonema tras fonema el comentario de mi íntima Grijalba vía Facebook y que ¡Viva el voyeurismo! No te digo más que gracias a la red nos hemos hecho fans de Naty Abascal. “Todo lo que quise ser en la vida es ser como Naty Abascal”, reza la página. Una verdad grande. Aleluya. Pues lo que te decía tras el inciso, que Silvie está indignada. En grado sumo. Me cuenta que la película termina con un beso de los protas masculinos, que ya te he jodido el final pero siete euritos que te ahorras, guapa. Tela. Sobre todo, cuando Evelyn Waught no escribía rollos gays no fuera que la tataratatarabuela de la Reina Sofía, o seasé, Victoria, le montara un pollo. Que de esos polvos, estos lodos y no lo digo yo, lo cuenta Pilar Urbano con un cardado que desmonta la Ley de la Gravedad a golpe de laca. Y es que, además, resulta que con ese ósculo decimonónimo se rompe la tensión sexual no resuelta. Ya sabes, cari, como mujer y como esteticienne que, la tensión sexual no resulta es lo supermás. Yo estoy harta del sexo explicito y consumado. Del sexo y del turismo cultural. Están totalmente sobrevalorados. Te digo mi verdad. El jueves, en el desfile de la nueva colección de Vicktor & Rolf para Samsonite, recordé mi viaje a Viena que ahora te arrojo como ejemplo. Aproveché más mis bocadillos de filetito empanado, llamado allí snitzel, que mi visita al Kunstorisches Museum, con unos suelos hermosísimos, eso sí. Es más, de la ciudad imperial recuerdo con fruición aquel sabor del frito y a Kristin Von Stauffen, a sazón, ex de Andrea Cassiraghi por gentileza de María Jurado, a la que tuve a côte moi en el desfile. La oteé como una ardilla. A ver. Era una oportunidad estupenda, que desde que practicara el francés con Andrea, servidora le había perdido la pista. Pero siguiendo con la tensión sexual no resuelta: esta de moda, qué digo moda, supermoda: Falete e Isaac por ejemplo. Hay tensión en el elástico del panty de Falete y hay rollo sexual porque Isaac dirá lo que quiera pero, ese niño ha visto al tonadillero como su madre lo trajo al mundo y lo ha tenido embadurnadito de crema Ponds como Guy Ritchy a Madonna en su cama de matrimonio y Falete, aclaremos, no es Madonna. ¿Y qué me dices de Ana Botella y Esperanza Aguirre en la inauguración de la heladería de Nieves Álvarez? Eso fue tensión a secas. Bajo Cero. Llegó una y se fue la otra. Seguro que se quieren con locura pero servidora intriga que da gusto. Y es que ya veo tiras y aflojas en todas partes. Y hablando de aflojar, para una vez que Julián Muñoz se puede abrochar el cinturón por debajo de la cadera, se queda sin novia. Qué paradojas la vida...
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