martes, 21 de octubre de 2008

Nada como Telva

Tenía el discurso preparado para dejarlo nockeado, llevármelo a casa, o seasé, secuestrárlo y, con una buena hambruna y un sexo continuado en plan torturador, conseguir que se enamorara de mí, convertirme en su musa e ir a comprar el pan con smoking masculino y una megacamisa de tafetán. Pues sólo acerté a balbucear: “Stefano, come sei bello tu!” Y Pilatti, desde su cabello rubio, allí, a la lontananza, dado mi metro diez, sonrió alzando un slipper de terciopelo azul y pensó: un monstruo cuellicorto. Qué fuerte. Con lo que él es pa’ mi... Y la moda. Y Telva. Que yo vivo por y para estas páginas satinadas, que son mi alimento. Mi agua. Mi pan. 45 años de vida que me dejan a mí sin ella y XVIII ediciones de un Premio señero para el glamour español. Así pasa, que todas las que somos algo en el mundo del estilo no podemos faltar a la cita y perdemos el oremus. David Delfin, de lo feliz que estaba, aplaudía sus modelos preferidos como una señora de público de un programa de Terelu. Y Marta Sánchez, con su vaporoso Caprile, se buscabala cadera como si la hubiera perdido. Hasta la pobre Soraya Sáenz de Santamaría, monísima ne raso negro, por cierto, pasó por detrás del photocall mientras Carmen Lomana que puede comerse unos panchitos en él porque ella puede, ni lo vio. Es, queridas amigas, cómo si la moda se subiera rapidamente a la cabeza como un champagne francés o un chianti italiano y no fuéramos capaces de despertar de esa burbujeante resaca. Yo, os prometo, temo que un día la moda nos vuelva locas a todas y terminemos en un hospicio para sus amantes. Se lo tengo que decir a Nieves Fontana, la envidia que me dan a mí todas esas que se comen un bocata de chopped de pavo y una gaseosa mientras esperan el bus con chándal de poliespán y un periódico gratuíto. No sufren come moi. Y luego tienes a María Jurado que le preguntan de qué va vestida y dice: “De Miguel Palacios”. Con S. Te quedas muerta. O a Elena Tablada que te manda callar antes de decirte quién es el autor del horror hecho nylon que la cubre con la manito embuchada en un guante de conductor. Y se hacen llamar fashion victims. Un respeto por Dios. Un respeto. Así estaba Oscar de la Renta, que no perdía comba. Como separando lentejas de la granilla. Por ejemplo, que yo me fijé, Agatha, Amaya Arzuaga o Ana Locking, le epataron y las seleccionó como legumbre francesa fina. Ahora bien, él no sé, pero yo a Adriana Domínguez, que le faltaba un chimpancé en la solapa, a Paula Echevarría que qué decepción vestida de cortina o Arancha del Sol con sus bajos recién cosidos, ni para hacer un caldo, fíjate. Nada que ver con Nieves Álvarez que ya me pone mala de lo estupenda que va siempre. Mala. O con Naty Abascal, que todo lo que he querido ser en la vida es ser Naty Abascal, de rojo y de la Renta. Ni con la Infanta Cristina y su look años 40... Adriana Abascal con su BCBG achanelado también me flipó lástima que el protocolo no le acompañara...

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