Pues como te iba diciendo antes de que me echaras un pegote de tinte en to’la ceja y te pegara con la mano vuelta, que no me vuelvo a poner una falda lápiz. He decidido que, esta temporada, tengo figura de tartán plisado. Dolce&Gabbana style. Ya me veo saltando por la campiña como una cabritilla loca de la manita de Oriol Elcacho. Yo, con polaina; Prisicila de Gustín, la novia, desaparecida; y él, con falda et rien de rien bajo sus tablas, como manda la tradición. ¡Viva el tradicionalismo y las neocom! No te digo más que, en la inauguración de The Chivas Studio, donde desfiló el muchacho con kilt, no había quién no hiperventilara ante la posibilidad de que el huracán Katrina desviara trayectoria y le levantara las faldas. A él y a la media docena de mocetones que recorrían la pasarela adornada con pajaritas de papel made in Laura Ponte, que es victoriana, papirofléxica y la adoro. Amaya Salamanca y su ceja negra, Rafael Amargo y su tripa y Ana de Armas y su chicle estaban en pleno síndrome. Como quinceañeras con acné y coletero de felpa recién salidas del Mercado de Fuencarral, que, por cierto, descanse en paz. Y cómo no iba a fenecer si llevaba diez años estancado con el rollo carhartt y el pantalón jodpur de perroflauta. ¿Sabes lo que te digo? ¡Abajo la sudadera! ¡Viva Marc Jacobs y la madre de Kate Moss que es súperenrollada y, durante su estancia en Ibiza, les freía unos filetitos empanados mientras ellos esnifaban pegamento!¡Viva! Porque te anuncio, darling, aunque carezcas de posibles, que Marc estrena local esta semana en Madrid, así como te lo cuento porque soy una it-girl y no tomo yoghoures Clesa, como tú. O como Francisco Ayala, pobre. El día de la Cena de las 25 se tuvo que quedar en casa a dieta de lácteos y no acudió al fiestón donde, hasta Carmen Romero llevaba falda corte de sirena. Y todo el mundo como preocupado por el escritor cuando, hija, otra cosa hará Ayala, pero adornar, no adorna. Muy intelectual y todo lo que tú quieras pero, ¿y la lentejuela? Pues venga a interesarse por su ausencia cuando servidora venía de los Premios Shangay y llegaba sedienta de glamour porque, hasta en la fiesta más glitter del año, corrieron vientos de depresión. Ya lo cantaba la Terremoto “Crisis is in the air, everywhere you look around”. Ni el escote de Chenoa ni el rollo Baccara de Boris y Beatrice D’Orleans ni el pantalón dorado de Eduardo Casanova o la camisola de raso rollo Aplauso de Paula Vázquez lograron despertarme emociones. Sólo formar parte de las 25 podría sacarme del marasmo vital en que me encontraba pero, repito, el interés se centraba en otras. En la blusa oriental de Zara de Leire Pajín que no se la quita ni para acostarse; en el pelo de freir croquetas de Aído; en las pastillas de María Antoñita Iglesias o en la coletita-rata de Fran Perea. Me plantifiqué, cual Violenta Santander, y le dije a mi íntima Silvie Grijalba: ¿Cari, qué ha hecho la Ministra Salgado o la Presidenta del Tribunal Constitucional que no hayamos hecho nosotras para desatar este interés? Nosotras, al menos, hemos desterrado la torerita de nuestro vestuario. Hasta Ángela Rodicio asintió ante una verdad tan grande. Es que ahora somos fans de la corresponsal. Flipa con La Casera y sólo por eso mola. ¿A ti no te enrollan las burbujas, cari?viernes, 10 de octubre de 2008
El tinte y el vuelo de la falda
Pues como te iba diciendo antes de que me echaras un pegote de tinte en to’la ceja y te pegara con la mano vuelta, que no me vuelvo a poner una falda lápiz. He decidido que, esta temporada, tengo figura de tartán plisado. Dolce&Gabbana style. Ya me veo saltando por la campiña como una cabritilla loca de la manita de Oriol Elcacho. Yo, con polaina; Prisicila de Gustín, la novia, desaparecida; y él, con falda et rien de rien bajo sus tablas, como manda la tradición. ¡Viva el tradicionalismo y las neocom! No te digo más que, en la inauguración de The Chivas Studio, donde desfiló el muchacho con kilt, no había quién no hiperventilara ante la posibilidad de que el huracán Katrina desviara trayectoria y le levantara las faldas. A él y a la media docena de mocetones que recorrían la pasarela adornada con pajaritas de papel made in Laura Ponte, que es victoriana, papirofléxica y la adoro. Amaya Salamanca y su ceja negra, Rafael Amargo y su tripa y Ana de Armas y su chicle estaban en pleno síndrome. Como quinceañeras con acné y coletero de felpa recién salidas del Mercado de Fuencarral, que, por cierto, descanse en paz. Y cómo no iba a fenecer si llevaba diez años estancado con el rollo carhartt y el pantalón jodpur de perroflauta. ¿Sabes lo que te digo? ¡Abajo la sudadera! ¡Viva Marc Jacobs y la madre de Kate Moss que es súperenrollada y, durante su estancia en Ibiza, les freía unos filetitos empanados mientras ellos esnifaban pegamento!¡Viva! Porque te anuncio, darling, aunque carezcas de posibles, que Marc estrena local esta semana en Madrid, así como te lo cuento porque soy una it-girl y no tomo yoghoures Clesa, como tú. O como Francisco Ayala, pobre. El día de la Cena de las 25 se tuvo que quedar en casa a dieta de lácteos y no acudió al fiestón donde, hasta Carmen Romero llevaba falda corte de sirena. Y todo el mundo como preocupado por el escritor cuando, hija, otra cosa hará Ayala, pero adornar, no adorna. Muy intelectual y todo lo que tú quieras pero, ¿y la lentejuela? Pues venga a interesarse por su ausencia cuando servidora venía de los Premios Shangay y llegaba sedienta de glamour porque, hasta en la fiesta más glitter del año, corrieron vientos de depresión. Ya lo cantaba la Terremoto “Crisis is in the air, everywhere you look around”. Ni el escote de Chenoa ni el rollo Baccara de Boris y Beatrice D’Orleans ni el pantalón dorado de Eduardo Casanova o la camisola de raso rollo Aplauso de Paula Vázquez lograron despertarme emociones. Sólo formar parte de las 25 podría sacarme del marasmo vital en que me encontraba pero, repito, el interés se centraba en otras. En la blusa oriental de Zara de Leire Pajín que no se la quita ni para acostarse; en el pelo de freir croquetas de Aído; en las pastillas de María Antoñita Iglesias o en la coletita-rata de Fran Perea. Me plantifiqué, cual Violenta Santander, y le dije a mi íntima Silvie Grijalba: ¿Cari, qué ha hecho la Ministra Salgado o la Presidenta del Tribunal Constitucional que no hayamos hecho nosotras para desatar este interés? Nosotras, al menos, hemos desterrado la torerita de nuestro vestuario. Hasta Ángela Rodicio asintió ante una verdad tan grande. Es que ahora somos fans de la corresponsal. Flipa con La Casera y sólo por eso mola. ¿A ti no te enrollan las burbujas, cari?
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